viernes, 28 de agosto de 2009

En torno a las concepciones de Dios

[RESEÑA]


Juan Antonio Estrada, Imágenes de Dios, Trotta, Madrid, 2003.

¿Tiene aún vigencia el homo religiosus? ¿Qué imagen de Dios presentan las religiones monoteístas? ¿Son las religiones obstáculo o ayuda para la paz mundial? ¿Qué papel desempeña el contexto histórico-cultural en la Revelación? ¿Hay Dioses diferentes o lo que hay son diversos caminos para llegar a un solo Dios? ¿Qué relaciones se dan entre religión y política? ¿Cómo analizar el problema del mal? Etc.

Partiendo de la crítica a la absolutización de la razón, la razón total, pero asumiendo al mismo tiempo la importancia de que la razón esté en todas partes, Juan Antonio Estrada desarrolla una reflexión filosófica sobre el lenguaje religioso, específicamente sobre las imágenes de Dios y la relevancia que éstas cobran en los ámbitos personal, cultural, social, político e histórico. Dicho estudio “problematiza” el discurso y la praxis del cristianismo desde el contexto de la globalización; al mismo tiempo va haciendo las conexiones necesarias entre la religión cristiana y las restantes religiones monoteístas: judaísmo e islamismo.

Las preguntas planteadas al inicio constituyen un buen indicio de los temas que se abordan en el libro. Una de las cuestiones principales que se analizan en el primer capítulo radica en la pregunta sobre la legitimidad de las religiones en el mundo de hoy, sobre la pervivencia de la actitud religiosa del ser humano. El autor defiende la tesis de que el conocimiento científico y filosófico no colma la búsqueda de saber y de sentido del ser humano.

Las respuestas de la ciencia y de la filosofía permanecen dentro de la inmanencia histórico-cultural, además el logos filosófico-científico está destinado a satisfacer, fundamentalmente, el afán cognitivo del ser humano; mientras que la religión acoge al ser humano en su totalidad, razón y corazón, así como también rompe la inmanencia en la cual se encuentran “atrapadas” la filosofía y la ciencia y se abre al sentido de la trascendencia.

De muchos son conocidas las imágenes del Dios guerrero que nos presenta el Antiguo Testamento: el Dios que lucha a la par de su pueblo, que castiga cruelmente a sus enemigos y quien es capaz también de desatar la ira en contra de sus propios hijos. El libro de los cristianos abunda en la presentación de un Dios violento. Otro ejemplo lo podemos ver en el islam, quizá el hecho más conocido sea lo que los musulmanes llaman guerra santa. Este tema cobró notoriedad en el ámbito mundial a raíz de los atentados terroristas en contra de los Estados Unidos en septiembre de 2001. Según el autor, en religiones como el cristianismo, el islamismo y el judaísmo las corrientes tradicionalistas fácilmente pueden recurrir a los textos sagrados para justificar la violencia. Es justamente aquí donde cabe la pregunta de si las religiones más que inspiradoras de paz son potenciadoras de la violencia.

Y es que la violencia radica en el seno mismo de las religiones monoteístas en cuanto que cada una de ellas se presenta como la única portadora de la verdad que Dios ha revelado. Esto, en última instancia, implica la tarea de someter o convertir a aquellos que aún no forman parte de dicha verdad revelada. Estas pretensiones universalistas constituyen la raíz de procesos violentos de imposición. Relacionado con esta problemática, tenemos el hecho de la ambigüedad de la revelación: ¿Qué fue lo que realmente dijo Dios? Con respecto a esto, el autor señala la importancia de reconocer que toda forma de revelación divina está mediada por el contexto histórico-cultural de quien la recibe. En este sentido, toda palabra de Dios es al mismo tiempo palabra humana, puesto que estamos ante lo que Dios dijo a través de los profetas. La falta de reconocimiento de este hecho conduce fácilmente a los fundamentalismos del libro.

Religión y política es otro tema de fundamental importancia al cual el autor le dedica un capítulo completo. Reconoce la ambigüedad de la religión en cuanto puede erigirse como aliada del poder político, como también puede constituirse en la voz crítica del sistema de turno. La Ilustración arremetió contra la vieja fusión entre Estado e Iglesia, al mismo tiempo que propugnaba por la separación entre poder político y poder religioso, esto hizo posible la retirada de la religión del ámbito público hacia la dimensión privada. Marx atacó la religión en tanto que la consideraba una ideología más al servicio de un sistema económico opresivo; mientras que Nietzsche “martilló” el cristianismo ya que veía en sus valores la decadencia de Occidente. Pese a estas críticas, y muchas otras más, lo cierto es que también en la tradición cristiana encontramos movimientos que se manifiestan con voz crítica ante el poder político establecido. Esto puede apreciarse en la historia de las primeras comunidades cristianas, así como también, para poner un ejemplo actual, en el caso de la teología de la liberación.

Pero la cuestión es más radical: la religión aún pervive entre nosotros, y como realidad que responde a la finitud, al deseo y a la esperanza juega un papel fundamental en la configuración cultural de los grupos humanos y en el orden político de las sociedades. Justamente por ser una respuesta a la totalidad del ser humano —razón, sentimiento y voluntad— la religión está siempre presente en el “sentido” de las culturas y en el “orden” socio-político. Además, la religión en tanto que institución corre el riesgo de utilizar la política como instrumento o ser instrumentalizada por el orden político. La necesidad de sobrevivir, por ejemplo, puede llevar a toda una jerarquía religiosa a tomar una de estas dos posibilidades, según el momento histórico.

El problema del mal es otra cuestión abordada por el autor. A partir de diversos sistemas filosóficos, analiza las posibilidades de una teodicea filosófica, así como también el significado de su actual crisis. La teología frente a la contraposición entre Dios y nihilismo y la crisis de la metafísica son las últimas grandes temáticas que se abordan en el libro.

Como teólogo y filósofo que es, Juan Antonio Estrada ofrece un texto indispensable para aquellos interesados en la reflexión filosófica sobre la religión.

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